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ÁNGEL SANZ BRIZ. EL SCHINDLER ESPAÑOL.

Dice el Talmud que “quien salva una vida salva el mundo entero”.

Este proverbio hebreo está unido a la figura de Oskar Schindler, el empresario alemán miembro del partido Nazi que salvó la vida de mil doscientos judíos durante el Holocausto. Los liberó del polémico “plan de pacificación nazi”. A los nazis les encantaba esconder la muerte y el asesinato bajo bellas palabras. Pero lo que aquel maravilloso plan escondía era el genocidio de miles de personas. Schindler ha pasado a la historia gracias a la película, como el gran salvador de judíos. Pero hay otros héroes, héroes anónimos que salvaron muchos más. Es el caso del diplomático español Ángel Sanz Briz, también llamado “el ángel de Budapest”.

Suele pasar que nadie es profeta en su tierra y la labor de este diplomático no es muy conocida entre sus compatriotas. Probablemente el peso de la historia lo haya desterrado al olvido. Que por desgracia es tan común entre los hombres de buen corazón.

Una vez escuche una frase a una periodista argentina que decía: «entre la espada y la pared, siempre se puede elegir», y nuestro particular héroe patrio la cumple a rajatabla, letra a letra, él eligió la espada jugándose la vida por salvar a cinco mil doscientos judíos otorgándoles pasaportes españoles. Este año se han cumplido ciento diez años de su nacimiento. Nacido en Zaragoza en 1910 fue el último de cuatro hermanos y una hermana, hijo de Felipe Sanz, un rico comerciante, y de Pilar Briz.

Estudió en el colegio Escuelas Pías de los padres Escolapios de Zaragoza y se licenció en Derecho por la Universidad Central de Madrid. Ingresó en la Carrera diplomática en 1933. Casi un año después del comienzo de la Guerra Civil española en julio de 1936, fue separado del servicio diplomático por el gobierno de la República en abril del 37, pero el tribunal seleccionador del gobierno nacionalista lo readmitió en agosto del 38.

El joven Sanz Briz llegó a Budapest en 1942 y pronto asumiría, como Encargado de Negocios, la jefatura de la misión diplomática haciendo frente a los retos de una situación bélica cada vez más difícil. Sobre los judíos se cernía la amenaza inminente de ser deportados a los campos de exterminio nazis. Ahí fue cuando Sanz Briz, basándose en un Real Decreto de Alfonso XIII que permitía conceder ciudadanía española a los judíos sefardíes, comenzó su labor humanitaria: emitiendo pasaportes y salvoconductos a los necesitados.  

A medida que crecían los informes sobre el creciente Holocausto en Auschwitz y otros sitios de matanzas nazis, Sanz Briz comenzó a informar al gobierno fascista de Franco en España sobre la terrible verdad. Sin embargo, durante varios meses no recibió instrucciones de un régimen que había respaldado a Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Es entonces cuando decidió tomarse la justicia por su mano, falsificando documentos consulares para otorgarles la nacionalidad española a los refugiados, sobre la base de una ley española de 1924, que había quedado sin efecto hace muchos años, y que tenía como objetivo a los judíos sefardíes.

Identificación diplomática emitida en 1942. Imagen perteneciente al centro sefardí.

Escondía a judíos en la embajada española en Budapest y pagaba sobornos a los funcionarios locales. Sanz Briz se enfrentó a los peligros de las patrullas nazis y húngaras de la fascista Cruz Flecha, así como a los bombardeos aliados, para albergar a los judíos en peligro.

«Logré que el gobierno húngaro autorizara la protección por parte de España de 200 judíos sefardíes. Luego convertí esas 200 unidades en 200 familias, y esas 200 familias se multiplicaron indefinidamente mediante el simple procedimiento de no darle salvoconducto a los judíos en grupos que superaran los 200», escribió Sanz Briz en su informe para el gobierno español desde Berna, en diciembre de 1944.

«Añadió letras a cada número, usando todo el alfabeto», explica el hijo del diplomático, Juan Carlos Sanz Briz.

«Fue algo muy inusual para él, normalmente era muy apegado a las reglas. Los diplomáticos no deben emitir documentos falsos ni poner la bandera nacional en edificios que no forman parte de la misión diplomática».

Sanz Briz otorgó 232 pasaportes provisionales a 352 personas, 1.898 cartas de protección y 15 pasaportes ordinarios emitidos a 45 judíos sefardíes. Mientras los nazis y los fascistas húngaros cercaban a los judíos de la ciudad, confinándolos y matando a personas en las calles, Sanz Briz alquiló 11 apartamentos para albergar a las aproximadamente 5.200 personas que había colocado bajo protección de España.

Pasaportes colectivos españoles emitidos por el Ángel de Budapest para salvar a los miles de judíos permitiéndoles huir de Hungría.

Sanz Briz salió de Budapest en noviembre de 1944, por orden de sus superiores en Madrid, que temían sufrir represalias por parte del ejército soviético que se aproximaba, debido a la ayuda de España a los alemanes en el frente oriental.

Se dedicó a una carrera diplomática regular, y el régimen de Franco, fuertemente anti-israelí, no le permitió recibir en vida el honor de los Justos entre las Naciones que le fue otorgado en 1966 por el Yad Vashem, el centro conmemorativo del Holocausto de Israel.

Fermina M. C. Cañaveras.

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